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Cueva de Tilin Tilan

Cueva de Tilin Tilan

Como todos los días, el pastor se dirigió con su ganado al monte al que acudía habitualmente para darle de pastar. Hacia un día radiante y se veían numerosos pajarillos revoloteando entre las flores. Al pastor todo esto no le era ajeno, disfrutaba sintiéndose libre en campo, y sabiéndose conocedor de la naturaleza con la que había estado en contacto desde muy pequeño. Para el, su vida era el rebaño y el monte al que acudía todos los días sin falta.

Había transcurrido el día sin contratiempos y se sentía feliz de la labor cumplida, ya tan solo le restaba contar su ganado antes de regresar al pueblo. Tras contarlo varias veces al notar la falta de una de sus ovejas, vio que efectivamente no se había equivocado al contar, y que una de ellas se había extraviado. Sin pensarlo dos veces, se puso rápidamente a buscarla.

Después de haber recorrido infructuosamente casi todas las sierras, y cuando ya había perdido toda esperanza, pudo percibir el sonido de un cencerro. Dirijo sus pasos hacia el lugar del que provenía el sonido, y aprecio que salia del interior de una cueva. Descendió una pequeña rampa que conducía hacia su interior, y espero un momento sin moverse hasta que sus ojos se acostumbraron a la penumbra. Pasados unos segundos volvió a oír el sonido, y dirigiendo su mirada hacia el lugar del que prevenía distinguió una pequeña figura blanca, efectivamente se trataba de una oveja que había quedado atrapada en el interior de la cueva.

De esta forma casual fue como tuvo lugar el descubrimiento de esta cueva, y en honor al sonido del cencerro se le bautizo con el nombre de Tilin Tilan”.


Peñon del Ajo


Peñón del Ajo

Después que los Reyes Católicos conquistaran Granada, el último reducto musulmán, muchos de ellos hubieron de hacerse a la fe de los cristianos, para poder conservar sus casas y enseres en estas tierra que creyeran suyas. Por estas razón, los cristianos los llamaron moriscos; y aunque habían aceptado su fe, seguían conservando la de sus antepasados. Todos los días alababan a Alá, dándole gracias por haberles permitido vivir en la tierra en que vivieran sus padres, y sus antepasados.

De esta forma, habían vivido algunos algunos años hasta el día en que comenzó estas terrible y triste historia. Transcurría el funesto año de 1609 de la Era Cristiana, y reinaba en España Felipe III, aquel al que todos llamaban el "Piadoso" despreocupado por el gobierno, había dejado el poder en las manchadas manos del Duque de Lerma, el hombre más despiadado y sanguinario de cuantos hayan poblado la tierra. Deseo de poder y de riqueza el Duque de Lerma, había sometido a los moriscos a una implacable persecución, que daría como fruto la firma de un decreto en 1609 por el que se declaraba su expulsión. Con esta medida iba a ver saciada su sed de riqueza, al disponer de todos los bienes que abandonaran los moriscos en tierra cristiana.

Vivía durante este tiempo un morisco de nombre Harúm, hijo de Akbar, aquel al que llaman "el artesano". Habitaban en una pequeña aldea del Reino de Jaén, que se llamaba a la sazón Fuen-Santa, nombre con el que la habían rebautizado los cristianos cuando vinieron a instalarse entre nosotros.

Dedicábase Harún al trabajo artesanal, y a lo largo de su vida, había ido acumulando alguna riqueza, que junto a la que le legaron sus antepasados lo habían hecho acreedor de una de las mayores fortunas de todo el Reyno. Durante estos días, había llegado hasta sus oídos la orden de expulsión; al conocerla, pareció volverse loco, durante horas no dejó de arrancarse los cabellos y la barba, las lágrimas brotaban como si de una fuente se tratase. Fueron muchas las horas, durante las cuales no pudo reprimir la ira y el desaliento, que le embarga. Así que logró sosegarse, creyó prudente, puesto que no podía partir con los bienes al obligado destierro, urdir un plan para que sus riquezas no fueran a las sucias manos del mezquino y avaro Duque de Lerma, a quien ya tenia como su más directo y enconado enemigo.

Cuando hubieron dado las doce, en el más profundo sigilo, cargó su acémila con grandes cajas de madera en las que había depositado su tesoro, y sin que nadie advirtiera su presencia, se dirigió hacia el lugar conocido como Peñón del Ajo, donde cavó un foso de grandes dimensiones, allí deposito las cajas, volvió a cubrirlo de tierra y lo disimuló tanto como le fue posible, con la firme intención de volver algún día a recuperarlas.

A los pocos días Harúm era obligado a partir hacia lejanas tierras. Aunque había conseguido burlar al Duque, y partió con la esperanza del regreso, nunca más pudo volver, quedando para siempre su tesoro oculto y sepultado en las entrañas de la tierra.

Durante años, han sido muchos los que infructuosamente han intentado la búsqueda del preciado tesoro, sin que hasta ahora nadie haya conseguido encontrarlo. Sin embargo, son pocos los que osan adentrarse por estos parajes al llegar la media noche, pues se asegura que el espíritu de Harúm anda errante, tras la búsqueda de su tesoro.

La Virgen

Imagen de la Virgen

Es creencia popular generalizada, el pensar que Fuensanta debe su formación a los pastores cordobeses, los cuales se desplazaban desde Córdoba a Fuensanta para dar de pastar a su ganado en aquellas temporadas en que el pasto escaseaba en Córdoba, siendo en cambio muy abundante en nuestras sierras.

Un día, se encontraba uno de estos pastores cordobeses dando de pastar a su ganado en el monte, cuando de pronto, vio que en el interior de una cueva cercana salía una inmensa claridad. Cargándose de valor, encaminó sus pasos hacia el lugar del que procedía esta luz. Se encontraba ya cerca, cuando distinguió la imagen de la Virgen, postrándose de rodillas ante ella, oró durante horas, haciendo la firme promesa de fundar en aquel lugar una ermita para venerar dicha imagen. Su promesa pronto fue cumplida fundándose en el mismo sitio una ermita para guardar y dar culto a tan preciada imagen. Aunque según una tradición popular, la imagen que se apareció al pastor no fue la que el veneró en dicha ermita, pues la misma se llevó a Córdoba. En cuanto a la ermita, sabemos que ya a principios del siglo XVI se había construido, pero posteriormente fue destruida, sin que sepamos a ciencia cierta el lugar de su ubicación, aunque se presume que debió de ser cerca de la Fuente de la Negra.

El Nativo de Cabila


El Nativo de Cabila

A principios del siglo XX una serie de problemas se habían ido acumulando, provocando una de las mas graves crisis económicas y políticas por las que jamas haya atravesado España. Uno de estos numerosos problemas era el provocado por la crisis de Marruecos tras la sublevación de los rifeños. El punto de tensión mas alto de la crisis se había alcanzado en 1921, en que los nativos de Marruecos liderados por Abbu-el-Krim, habían infligido una seria derrota a las tropas españolas en Annual.

Ante esta critica situación, se había hecho necesario el reclutamiento obligatorio de todos aquellos que estuvieran en edad de alistarse. Esta medida se había extendido a toda la geografía española, viniendo a perturbarla relativa tranquilidad de numerosos campesinos, que se habían visto forzados a abandonar su hogar y su trabajo para dirigirse a una tierra lejana y desconocida para ellos, donde deberían enfrentarse contra expertos conocedores del terreno, y convencidos defensores de sus derechos.

Después de varios meses de luchas y escarceos, los soldados españoles se sentían fatigados y afligidos, de modo, que al llegar al campamento solían buscar la soledad de algún rincón para sosegar su espíritu. Encontrabase uno de estos campesinos reclutados meditando sobre la sin razón humana, cuando de pronto, se presento ante el un nativo perteneciente a una de las cabilas que apoyaban a las tropas españolas. Tras unos segundos de silencio, este pregunto: ¿tu eres de Fuensanta?. El campesino quedo sorprendido, pero finalmente respondió que si. Ante lo cual, el nativo le relato la siguiente historia:

Hace muchos años mis antecesores procedían de aquellas tierras que ahora son tus tierras, habían desarrollado toda su vida en ese lugar, pero tras el decreto de expulsión de los moriscos hubieron de partir, y vinieron a instalarse aquí. Generación tras generación fueron dejando constancia de su paso por las tierras de Fuensanta, y de las muchas riquezas que allí hubieron de dejar cuando partieron. El deseo de nuestros antepasados siempre fue el de que alguno de sus descendientes volviera a Fuensanta para recuperar las riquezas que ellos dejaron allí escondidas. Para poder encontrar el tesoro tan solo nos dejaron como legado la situación en que se encontraba localizado “Funtayala”, y unas frasecillas que rezan como siguen:

“!Peñón del Ajo!, !Peñón del Ajo!

Quien te cogiera con todo el oro y la

plata que llevas debajo”.


El campesino de Fuensanta tras oír este relato quedo estupefacto, pero una vez repuesto de la sorpresa, le contesto que efectivamente había una leyenda en Fuensanta que hablaba de un tesoro enterrado en el peñón del Ajo. Finalmente, el nativo de la cabila antes de marcharse dijo: algún día mis hijos, o los hijos de mis hijos habrán de emprender el viaje para recuperar aquello que nuestro antepasado Harum dejo escondido esperando que alguno de su sangre fuera a recuperarlo. Día en que su espíritu errante podrá finalmente descansar en paz.

 
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